La privacidad en la gran manzana | Jesús Messia

La privacidad en la gran manzana

Hemos asistido recientemente a la fastuosa presentación de los nuevos dispositivos móviles de Apple, para regocijo de sus acólitos.  En esta ocasión, han presentado de forma conjunta dos teléfonos móviles y un reloj revolucionario –aunque Samsung se les adelantó-, que va a hacer las delicias de los seguidores de Michael Knight y su coche fantástico. Confieso que siento cierta atracción por la marca de la fruta prohibida, puesto que sus aparatos funcionan -al menos, en mi caso- con un elevado nivel de efectividad, a la vez que satisfacen la vista y el gusto estético.

Además, en la referida presentación la compañía de Cupertino también ha promocionado un nuevo sistema de pagos electrónicos. Apple Pay pretende competir con otras aplicaciones previas, principalmente Google Wallet. Se trata de un sistema en el que el móvil incluye la tarjeta de crédito que soporta los cargos, de tal forma que mediante un mecanismo NFC o de radiofrecuencia cercana, que permite mediante el acercamiento del terminal al dispositivo habilitado al efecto por el comerciante, se efectúa el pago. Desde el punto de vista de la privacidad, lo más interesante es que, según han declarado los responsables de la marca, no están interesados en conocer qué y dónde compramos, de tal forma que la tarjeta de crédito se almacena en un lugar seguro del móvil, sin que se remita a servidor alguno. Todo ello se hace, como se afirma de forma expresa en la presentación, “…a diferencia de otras compañías”, en clara alusión a su máximo competidor, Google.

 

Cuando he conocido esta circunstancia, me he preguntado de forma inmediata si Apple esconde algo, por qué lo hace, qué beneficio obtiene de una solución como esta. En el caso de Google, ya fuera empleando la tarjeta mastercard, ya fuera mediante la propia que ofrecía esta marca, se producía una recogida de datos personales, tanto identificativos como de la operación realizada. Ello implicaba la posibilidad de su consideración como entidad financiera y sobre todo, la obligación de adoptar una serie de controles y medidas de protección de la información. La solución que propone Apple es, desde luego, más respetuosa con la privacidad de los usuarios, pero ¿será cierto que en ningún momento se recaba información, siquiera indiciaria, de la persona y el acto? Desde luego, los últimos acontecimientos ocurridos en relación con la sustracción de imágenes comprometedoras de famosos y famosas en la nube, han puesto en entredicho el nivel de seguridad que ofrece Apple y su icloud, sin que parezca de recibo alegar que las contraseñas empleadas por los interesados no revestían el nivel de seguridad adecuado.

 

Podemos creer en las hadas, por qué no. La pregunta es si debemos hacerlo. Apple se contradice cuando echa balones fuera en relación con la nube y se declara después el adalid de la privacidad de los usuarios de móvil. Reconozco que esta dualidad me genera cierta desazón y desconfianza. En cualquier caso, debemos esperar a conocer más especificaciones sobre el sistema aludido.

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