Tengas pleitos y los ganes… | Jesús Messia

Tengas pleitos y los ganes…

Estoy leyendo estos días noticias relacionadas con el cumplimiento por parte de Google de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea –TJUE- sobre el derecho al olvido y me viene a la memoria esta frase que evoca una maldición sobre la participación en un proceso judicial.

 

La Agencia Española de Protección de Datos –AEPD-, en su batalla contra la empresa que posteriormente ha mantenido relaciones con algún prominente exmiembro de dicha agencia, manifiesta estos días una euforia sin precedentes. Ha vencido al todopoderoso portaviones de la red. Un organismo público, escasamente dotado, como manifestaba su director en fechas recientes ante el Congreso, ha sido capaz de doblegar al Goliat electrónico, incluso frente a las influyentes opiniones del Abogado General del Tribunal europeo. Confieso que la solución me plantea numerosos problemas argumentales y teóricos. No obstante, debo reconocer el valor del triunfo que la irreductible aldea gala ha obtenido frente a las cohortes del César.

 

Sin embargo, lo anterior no supone, ni mucho menos, el final del proceso. Google, como gran corporación, no va a dejar la partida en tal estado. No, Google va a contraatacar. Para ello, sus legiones de abogados salidos de las mejores escuelas de negocios habrán analizado la sentencia por arriba, abajo, los lados, activa, pasiva y perifrástica. Y tal estudio parece que ha comenzado a dar sus frutos. El director de la AEPD ha manifestado en una reciente entrevista que Google ha procedido al “sobrecumplimiento” de la sentencia del TJUE. En este sentido, se argumenta desde la institución que el fallo del tribunal posee un alcance limitado, lo que impide exceder sus límites en perjuicio de los usuarios.

 

Debemos tener en cuenta que una eliminación excesiva de la información que albergan los buscadores puede ocasionar, más allá del respeto a la privacidad de las personas, un daño derivado de la desaparición de aquella información que circula normalmente por la red de manera justificada y legítima, en aras del principio de finalidad del tratamiento. La red constituye un factor que aporta valor añadido, por cuanto posibilita el acceso a una enorme cantidad de información de manera rápida, sencilla e integrada. También es cierto que tal acceso puede generar daños de gran consideración en la privacidad y, por tanto, en la dignidad de las personas. Por ello, es necesario encontrar el equilibrio necesario, en el caso que nos ocupa, entre la conservación y la eliminación de los datos que recoge un buscador.

 

Sea como fuere, la determinación inicial sobre lo que debe o no ser eliminado del buscador corresponde, en pura lógica, el propio buscador. De ahí que, atendiendo a las afirmaciones del director de la AEPD sobre el sobrecumplimiento antes referido, podemos aventurar que es muy probable que la batalla por el olvido de la información no haya terminado: más bien, puede encontrarse en fases prematuras. Nadie puede discutir hoy el derecho al olvido de los usuarios del Internet y la responsabilidad al respecto de los buscadores. Sin embargo, parece que los jueces tendrán que pronunciarse, necesariamente, sobre su alcance y la información a la que hacen referencia. ¡Tengas pleitos y los ganes…!

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