Menos cárceles, más escuelas

Recupero esta frase propia del optimismo que Sócrates mostraba hacia la formación como presupuesto de un mejor estado moral del ser humano. No vamos ahora a realizar una disquisición sobre el valor de la educación. Sin embargo, no debemos desdeñar el efecto que la misma puede tener en un mejor cumplimiento de la norma y, con ello, una menor necesidad de vigilar los comportamientos y de sancionar a los posibles infractores.

 

Esta idea adquiere más importancia cuando hablamos de ámbitos novedosos, en los que el grado de conocimiento de la ciudadanía es menor. A ello, debemos unir las dificultades que podemos encontrar para la comprensión de aquellas cuestiones que poseen un alto nivel técnico. Pues bien, la Informática y, en especial, la seguridad de la información reúnen estas circunstancias y aconseja, por ello, adoptar políticas de promoción formativa. Todo ello, sin olvidar que existen bolsas de población que plantean problemas específicos al respecto. Pensemos, por ejemplo, en los menores incluidos en la educación primaria y secundaria. Se trata de personas cibernativas, familiarizadas con el manejo de los medios informáticos y confiados, por tanto, de su uso. Sin embargo, tal confianza no va acompañada de un conocimiento adecuado de las medidas necesarias para asegurar un nivel de seguridad adecuado de la información propia y de los usuarios de tales equipos o de su familia. De hecho, la normativa reglamentaria de protección de datos se preocupa de adoptar prevenciones y cautelas sobre el tratamiento de los datos de tales menores y de la inclusión por éstos de información sobre sus padres en los formularios que, por ejemplo, rellenan en la red.

 

Aunque la futura normativa europea sobre la materia parece mostrar mayor interés por estas informaciones, sin embargo una visión realista reconoce que las posibilidades de una protección efectiva no son muy elevadas. Por ello, además de establecer un régimen protector y sancionador de eficacia relativa, quizás fuera conveniente la adopción de políticas formativas. En concreto, entendemos que resultaría conveniente la inclusión en el currículo escolar de conocimientos transversales sobre seguridad de la información y protección de datos, de tal forma que los escolares pudiesen conocer, en cada asignatura con la que estas cuestiones tengan relación, aquellas nociones necesarias para adquirir las competencias, habilidades y destrezas necesarias. Se trata de una política que ya se está adoptando en materias como la seguridad física de las personas o la seguridad vial. En tal caso, si la peripecia vital de los menores se desarrolla, cada vez más, en el mundo virtual, también debería preocuparnos su seguridad frente al ordenador.

 

En la actualidad, ya existen experiencias al respecto, como las guías que diversos organismos –AEPD, INTECO- o empresas ha desarrollado. También recuerdo ahora las sesiones formativas que se impartían en los colegios por parte de alguna Agencia de protección de datos, como la madrileña, ahora extinta. Sin embargo, tales actividades y materiales no pasaban de ser políticas de promoción que distaban mucho del establecimiento efectivo de las acciones formativas. Por el contrario, la inclusión de la seguridad de la información y la protección de datos en las asignaturas de educación primaria y secundaria proporciona niveles de concienciación y conocimiento muy superiores. La transversalidad de estas cuestiones conlleva la necesidad de que la formación trascienda al ámbito universitario o de posgrado con fines profesionales. No se trata solamente de formar grandes profesionales, sino de lograr ciudadanos informados que se puedan enfrentar a los problemas básicos sobre la preservación de sus datos personales, como presupuesto necesario para la activación de un régimen de protección más eficaz.

Sin comentarios | Leído 48 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *