Jano Bifronte y el Reglamento europeo de protección de datos

En espera del Reglamento de protección de datos de la UE, que no llega, el análisis del proceso de su elaboración nos plantea una reflexión sobre los resultados que vaya a producir. En Roma, el dios Jano se representaba como un busto con dos rostros, lo que demostraba su doble naturaleza y con ello, la dualidad que el propio ser humano tiene en su interior. Por su parte, los principales documentos existentes hasta la fecha del mencionado Reglamento son el documento inicial, por una parte, y el texto con las últimas enmiendas introducidas por el Parlamento Europeo, por otra. Pues bien, encontramos cierto paralelismo entre la deidad referida y la descripción orgánica de la UE en este caso.

 

De una rápida lectura de tales enmiendas parece deducirse la idea de la doble posición de los organismos de la UE al respecto. La Comisión adopta en sus trabajos una posición equidistante entre los derechos de los ciudadanos y los intereses de los agentes económicos: trata de preservar tales derechos conjugando tan fin, a su vez, con un desarrollo económico adecuado en la Unión. Por su parte, el Parlamento introduce enmiendas que pretender endurecer ciertos aspectos relacionados con los mecanismos de control del tratamiento de datos. Veamos algún ejemplo. En materia de sanciones, la cuantía de las mismas se ha multiplicado de manera significativa respecto del texto inicial, en el intento de atajar los comportamientos ilícitos de las grandes corporaciones, para las que las cuantías existentes carecían de carácter disuasorio. En segundo lugar, la obligatoriedad de contar con un delegado de protección de datos se extiende a aquellos supuestos en que se traten datos de más de 5000 usuarios, con independencia del tamaño de la entidad responsable del tratamiento, lo cual podría considerarse excesivo en algunas organizaciones dotadas de escasa estructura. El mismo presupuesto fáctico se establece para exigir la realización de informes de impacto de privacidad –PIAs-. Se trata de exigencias que desde un punto de vista economicista podrían considerarse contrarias al fomento de la actividad.

 

La Comisión, con una posición menos garantista, ha adoptado soluciones intermedias, a lo que ha ayudado de forma decisiva la labor de lobbing que, sobre todo desde Estados Unidos, se está realizando de manera insistente y precisa. Así, tras establecer la exigencia del consentimiento explícito y proscribir las voluntades que no se deriven de una acción afirmativa, ha sucumbido a las presiones para suavizar los requerimientos del tratamiento de datos con fines de marketing directo. En el mismo sentido, el establecimiento de una “ventanilla única” como regla de determinación de la competencia en materia de reclamaciones cuando el responsable sea externo a la UE y tenga su representación en un país miembro, puede favorecer su capacidad de gestión, pero es claramente un obstáculo a la efectividad de los derechos de los ciudadanos sobre sus datos y de su defensa. En este sentido, la posición de la Comisión se está viendo muy influida por las presiones provenientes de ultramar. En las últimas fechas, la protección de datos ha sido incluida en las conversaciones trasatlánticas al más alto nivel. Es de esperar que la necesidad de Europa de contar con el apoyo de Estados Unidos en cuestiones geoestratégicas que afectan a su periferia no obliguen a usar esta materia como moneda de cambio.

 

En definitiva, la UE se debate entre mostrar la cara amable a los ciudadanos o al mundo empresarial y económico, propio y extraño. Es innegable la necesidad de realizar un trabajo de orfebrería preciso, que posibilite una ponderación adecuada de las posiciones en juego. Pero, en cualquier caso, no se debe olvidar una cuestión primordial: los ciudadanos tienen derechos y los agentes económicos tienen intereses. Cuando en la UE se planteó la necesidad de modificar o aprobar una regulación de protección de datos, una de las razones que se esgrimía era la necesidad de fortalecer el régimen de garantías de los derechos existente. La realidad económica había terminado imponiéndose y era necesario reforzar la posición de la ciudadanía. La tarea propuesta requiere, por ello, grandes esfuerzos para evitar sucumbir a los cantos de las sirenas y las presiones de los profesionales del lobby. Pues bien, en la fecha presente parece que su labor comienza a dar sus frutos y la rebaja del nivel de exigencia se hace cada vez más patente. Quizás, alguna de estas soluciones se pueda justificar, sin embargo también es muy posible que se coloque alguna propuesta de difícil aceptación.

 

La UE no escapa a la representación dual de Jano: Comisión y Parlamento son dos caras del mismo cuerpo. Es cierto que el Parlamento, que residencia la soberanía popular europea, es cada vez más decisivo en la elaboración de la normativa reglamentaria. Sin embargo, no debemos olvidar que su potestad, en un ejercicio de cautela de las clases políticas nacionales, se comparte con el Consejo, órgano que contiene la máxima capacidad política de la UE y, por ende, decide sobre la base de una visión de realismo político. En este sentido, el resultado final de la normativa tendrá en cuenta, sin duda, factores políticos y económicos.

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